Fermentadoras para panadería, pastelería y hostelería

Las fermentadoras son las grandes aliadas de los obradores de pan y la industria de la bollería al facilitarles su trabajo diario ahorrando costes.

Disponer de una fermentadora en determinados negocios no es una opción sino una necesidad. Obradores de pan, fabricantes de pan de molde, la industria de la bollería, la pastelería… todos necesitan contar con fermentadoras de una u otra manera para agilizar sus procesos y poder trabajar día a día.

El proceso del pan comienza haciendo la masa con los ingredientes seleccionados; de ahí se coloca en la pesadora que va haciendo cortes según el peso indicado (300, 400, 500, 1000 gramos, etc.); el siguiente paso es utilizar la formadora de barras y, de ahí, a la fermentadora, la máquina que ayudará a que la masa fermente antes.

La fermentadora gradúa la temperatura y la humedad para crear las características específicas de cada pan. Son cámaras de fermentación en las que se controlan todas las variables mientras el pan ‘crece’ y hasta que pasa al horno, de donde saldrá listo para ser consumido.

Cada negocio tiene una fermentadora adaptada a sus necesidades. Por ejemplo, una pastelería sólo necesitará un pequeño frigorífico donde colocar sus masas, mientras los obradores necesitan fermentadoras más grandes y la industria de la bollería o del pan necesitan máquinas capaces de acoger a miles de barras.

Fermentadoras para mejorar la vida de los trabajadores

Hace muchos años era habitual que los obradores de pan abrieran a las 2 ó 3 de la mañana ya que necesitaban que la masa comenzara a fermentar a esas horas para que el pan pudiera estar preparado y poder distribuirlo con los primeros rayos de sol. Hoy en día la gran mayoría de los obradores y de la industria del pan cuentan con una ayuda para evitar esos madrugones.

La fermentación controlada es un proceso por el cual la masa que hacemos hoy se ‘duerme’ en las fermentadoras que cuentan con esta función hasta que se le dice a qué hora tiene que comenzar a trabajar. De esa forma, los trabajadores pueden hacer la masa en horarios ‘normales’, dejarla en la máquina programada y que ésta comience a trabajar por si sola de madrugada.

Así conseguimos que cuando los trabajadores lleguen al obrador se encuentren la masa ya fermentada y lista para meter en el horno. Con la fermentación controlada se trabaja de un día para otro para ahorrar costes y tener horarios de trabajo estables y socializados.

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